Archivo Kosmet · Publicado en 2017 · Referencias revisadas en 2026

¿Venenos en tus cremas?

Lo que un envase bonito no te cuenta: cómo leer el INCI, qué hacen realmente algunos ingredientes controvertidos y por qué “está permitido” no debería ser el final de tus preguntas.

Por Nerea VarelaKosmet.esCosmética · INCI · Ingredientes tóxicos
Nota editorial

Este artículo nació en 2017 y conserva su planteamiento original. Las referencias se han actualizado para precisar qué efectos están documentados, qué señales justifican prudencia y qué preguntas siguen abiertas cuando hablamos de exposición repetida y mezclas.

Presta atención

Puedes comprar una crema anunciada como “con ácido hialurónico”, “con vitamina C”, “con péptidos” o “con un activo patentado” y salir convencida de que eso es, esencialmente, lo que acabas de poner sobre tu piel. Pero un cosmético es una fórmula completa. Y el ingrediente que protagoniza el anuncio puede representar una fracción pequeña del producto que has pagado.

La mayor parte de una fórmula puede estar formada por agua, emolientes, siliconas, aceites minerales, humectantes, emulsionantes, espesantes, conservantes, perfumes, agentes sensoriales y otros componentes necesarios para que el producto tenga textura, estabilidad, olor, extensibilidad y vida útil. Eso no convierte automáticamente a esos ingredientes en malos. Pero sí cambia radicalmente la pregunta que deberías hacerte: ¿estoy comprando un tratamiento o estoy comprando, sobre todo, una base técnicamente perfecta para alojar y vender un reclamo?

Este artículo nació precisamente de esa pregunta. Porque leer “ácido hialurónico” en letras enormes no te dice cuánto hay. Leer “dermatológicamente testado” tampoco te explica cómo está construida la fórmula. Y pagar 150 euros por un tarro no modifica la química que contiene.

La idea que debes recordar

Cumplir la regulación es el punto de partida. Elegir una fórmula excelente exige mirar mucho más: función, concentración, exposición, tolerancia, pureza, combinaciones y alternativas.

Cuando aquí hablo de ingredientes tóxicos en cosméticos utilizo una expresión divulgativa que muchas personas buscan exactamente así. Científicamente necesitamos afinar: una sustancia puede tener propiedades irritantes, sensibilizantes, endocrinas, genotóxicas o carcinogénicas bajo determinadas condiciones y, al mismo tiempo, estar autorizada a una concentración considerada segura dentro de un escenario concreto de uso.

Eso no la convierte en biológicamente inerte. Tampoco significa que vaya a enfermarte por aparecer en una crema. Significa que merece la pena conocer qué hace la sustancia, qué efectos se han observado, cuál es tu exposición real y si existe una alternativa que permita conseguir la misma función sin sumar una exposición que no necesitas.

El ingrediente del anuncio puede no ser la base de tu cosmético

El INCI europeo tiene una característica que casi ningún consumidor conoce: los ingredientes deben declararse en orden decreciente de peso, pero los que están por debajo del 1 % pueden aparecer después en cualquier orden.[1] Por eso, cuando un activo está en la zona final del INCI, el consumidor no puede saber leyendo la etiqueta si está al 0,8 %, al 0,2 %, al 0,05 % o en otra concentración inferior al 1 %.

Eso tampoco significa que un activo presente al 0,1 % sea inútil. Hay moléculas capaces de actuar a concentraciones pequeñas. Lo que significa es algo mucho más incómodo: el mensaje publicitario y la arquitectura real de la fórmula son dos cosas distintas. El frontal del envase cuenta una historia; el INCI cuenta la composición.

Además, una fórmula tópica no funciona solo por “tener” un activo. Importan su forma química, estabilidad, pH, vehículo, compatibilidad con los demás ingredientes y capacidad de llegar al lugar donde se espera que actúe. La propia literatura farmacéutica señala que la biodisponibilidad de activos aplicados tópicamente puede ser muy baja y que el comportamiento del vehículo es decisivo.[2]

La industria necesita productos que puedan fabricarse a gran escala, mantenerse estables durante meses o años, tolerar transporte y cambios de temperatura, conservarse frente a microorganismos, salir bien del envase y producir una sensación agradable desde el primer segundo. Son necesidades técnicas reales. También existen decisiones económicas reales. La bibliografía de desarrollo de producto reconoce expresamente que el coste de materias primas —especialmente determinados activos— puede representar una parte importante del coste y que el desarrollo exige equilibrar materias primas, proceso, estabilidad, precio y viabilidad industrial.[44] Todo eso convive con el activo que después ocupa el centro de la campaña.

Que una crema se anuncie “con” un ingrediente no significa que ese ingrediente defina la mayor parte de la fórmula.

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Una dosis no vive sola

La toxicología depende de la dosis. Pero nuestra vida diaria no consiste en aplicar una única sustancia una única vez.

Limpiador, tónico, sérum, crema, fotoprotector, maquillaje, champú, acondicionador, mascarilla, desodorante, perfume, gel, crema corporal, productos capilares. Un mismo ingrediente o una misma familia química puede aparecer en varios productos, y los cosméticos no son la única vía de exposición que tenemos durante el día.

La ciencia denomina exposición agregada a la suma de la exposición a una misma sustancia procedente de distintas fuentes o productos. Y cuando distintas sustancias actúan sobre una misma vía biológica aparece otra cuestión todavía más compleja: las mezclas.

En modelos experimentales se han observado efectos combinados de mezclas de disruptores endocrinos a concentraciones en las que cada componente por separado producía efectos mínimos o no observables.[3] Esto no demuestra que tu neceser esté produciendo automáticamente ese efecto. Demuestra que estudiar sustancias una a una no responde a todas las preguntas que plantea una exposición real compuesta por muchas sustancias.

Hay además una evidencia que resulta difícil ignorar: cambiar durante solo tres días a productos de cuidado personal etiquetados sin determinados ftalatos, parabenos, triclosán y benzofenona-3 redujo de forma apreciable varios biomarcadores urinarios en adolescentes. El methylparaben y propylparaben descendieron alrededor de un 44-45 %, el metabolito MEP de ftalatos cerca de un 27 % y la benzofenona-3 un 36 %.[4]

Los productos de cuidado personal no son una exposición teórica: algunos de sus componentes pueden medirse en nuestro organismo y modificar esa exposición cambia los biomarcadores humanos en cuestión de días.

Ésta es una de las razones por las que en Kosmet nunca me ha bastado con preguntar únicamente “¿está permitido?”. Cuando existe una alternativa capaz de cumplir la misma función, reducir exposiciones prescindibles puede ser una decisión perfectamente racional.

¿Cómo identificar ingredientes tóxicos en cosméticos? Empieza por el INCI

Aprender a leer las etiquetas parece complicado al principio. En realidad, no necesitas memorizar cientos de nombres. Necesitas saber dónde mirar y qué preguntas hacer.

El INCI —International Nomenclature of Cosmetic Ingredients— es el listado de ingredientes del cosmético. En Europa se declara en orden decreciente de peso hasta el umbral del 1 %. A partir de ahí, los ingredientes pueden aparecer en cualquier orden.[1]

Hay otra limitación importante: la normativa no considera ingredientes las impurezas presentes en las materias primas ni determinados materiales técnicos que no permanecen en el producto final.[1] Por eso leer el INCI es imprescindible, pero no te permite conocer absolutamente todo sobre la calidad de una materia prima o los residuos derivados de su fabricación.

¿Dónde encontrarlo?

  • Busca un listado precedido normalmente por la palabra Ingredients.
  • Si hay caja, suele aparecer en uno de sus laterales o en la parte posterior.
  • Si no hay caja, puede aparecer en el propio envase o en una etiqueta desplegable.
  • No confundas el INCI con los “ingredientes destacados” del frontal. Necesitas el listado completo.

¿Venenos en tus cremas? Tres pasos para dejar de comprar a ciegas

01

Localiza el INCI real

Una frase como “con aloe, colágeno y ácido hialurónico” no sirve para valorar una fórmula. Busca el listado completo.

02

Mira qué construye la base

Observa los primeros ingredientes. Ahí suelen estar agua, humectantes, aceites, siliconas, emolientes, alcoholes grasos y agentes de estructura que definen gran parte del producto.

03

Busca lo que el marketing no destaca

Conservantes, perfume, alérgenos, ciclosiloxanos, determinados antioxidantes, derivados etoxilados o ingredientes que personalmente quieras evitar también forman parte de lo que compras.

Después viene la parte importante: interpretar. Un nombre químico extraño no es una condena. Un nombre vegetal tampoco es una garantía. Y una materia prima autorizada no merece una confianza automática únicamente porque haya superado un límite regulatorio.

Aceites minerales, Paraffinum Liquidum y Petrolatum

Son derivados del refinado del petróleo y se utilizan porque funcionan muy bien como emolientes y agentes oclusivos. Petrolatum, en particular, reduce de manera intensa la pérdida transepidérmica de agua. Esa película explica buena parte de la sensación inmediata de suavidad que muchas fórmulas producen.

Pero conviene separar dos ideas. Una película oclusiva puede ser útil para reducir la pérdida de agua. Eso no equivale automáticamente a regenerar, nutrir o rejuvenecer la piel. Es un efecto físico muy eficaz, y el consumidor debería saber cuándo está pagando principalmente por ese efecto.

La historia toxicológica de los aceites minerales tampoco es trivial. La IARC considera carcinógenos para humanos los aceites minerales no tratados o ligeramente tratados. Los altamente refinados pertenecen a un escenario distinto y esa clasificación no se puede trasladar sin más al petrolatum cosmético.[5] Precisamente por eso el grado de refinado y la pureza son esenciales: en esta familia química, cómo se procesa la materia prima importa de forma decisiva.

Hay otro dato que rara vez aparece en un anuncio cosmético. Los hidrocarburos saturados de aceites minerales —MOSH— se han detectado en tejidos humanos. Un estudio en mujeres encontró una carga relevante de hidrocarburos minerales en tejido adiposo y señaló los cosméticos como una posible fuente importante de exposición.[6] En productos labiales, otro trabajo encontró MOSH/POSH en una gran proporción de muestras y concluyó que, dado que una parte de lo aplicado en los labios se ingiere, esos productos podían convertirse en una fuente relevante de exposición.[7]

Nada de esto demuestra que una crema con petrolatum refinado vaya a producir cáncer. Lo que demuestra es que hablar de “derivados del petróleo” como si fueran únicamente una textura inocua y sin más contexto químico es una simplificación.

Y aparece la pregunta que para mí es decisiva: si lo que quiero es ocluir y reducir la pérdida de agua, ¿necesito necesariamente hacerlo con petrolatum? No. En un estudio con 80 mujeres, diversos aceites vegetales consiguieron a lo largo de seis horas un efecto oclusivo comparable al petrolatum, aunque petrolatum produjo una oclusión inicial superior.[8]

Una función tecnológica puede ser útil sin convertir una materia prima en imprescindible. Si puedes alcanzar el objetivo por otra vía, también puedes decidir no sumar una exposición que no necesitas.

Siliconas: cuando “piel de seda” no significa piel tratada

Las siliconas son uno de los mejores ejemplos de cómo el tacto puede engañar al consumidor. Determinadas siliconas aportan deslizamiento, extensibilidad, brillo, formación de película y una sensación sedosa inmediata. En segundos la piel parece más lisa.

La pregunta es qué ha cambiado realmente. Sensorialidad no es sinónimo de tratamiento biológico. Una superficie que se siente más suave puede deberse a cómo la fórmula se distribuye y forma película sobre el estrato córneo.

También hay que dejar de hablar de “las siliconas” como si fueran una única molécula. Dimethicone no es D4. Y algunas siliconas cíclicas tienen una historia regulatoria que debería hacer pensar a cualquiera que crea que toda esta familia es químicamente irrelevante.

El ciclosiloxano D4 fue prohibido en cosméticos en la Unión Europea debido a su clasificación por toxicidad reproductiva. D4, D5 y D6 han sido objeto además de restricciones por sus propiedades de persistencia y bioacumulación; desde junio de 2026 la restricción europea se extiende a productos cosméticos leave-on por encima del 0,1 %.[9]

Esto no convierte a dimethicone en tóxico ni permite atribuir a todas las siliconas los peligros de D4. Sí desmonta la idea de que basta con decir “son siliconas, son inertes”. Hay que saber qué silicona, para qué se usa y qué conocemos de ella.

Y, de nuevo, la función tampoco es exclusiva. Existen aceites, ésteres y otros sistemas emolientes capaces de aportar extensibilidad y sensorialidad. Si un fabricante puede conseguir una buena experiencia cosmética por otras vías, el consumidor tiene derecho a elegir qué tipo de fórmula quiere sobre su piel.

Parabenos: el debate que no nació de la nada

Los parabenos son conservantes eficaces y llevan décadas utilizándose. También son una de las familias más estudiadas por su posible interacción con el sistema endocrino. Diferentes trabajos han documentado actividad estrogénica y otras actividades hormonales en modelos experimentales, con potencias y perfiles distintos según el parabeno.[10]

En 2004 se detectaron ésteres intactos de parabenos en muestras de tejido mamario tumoral. Ese estudio no demostró que los parabenos hubieran causado los tumores. Pero sí puso sobre la mesa una cuestión que no puede despacharse diciendo simplemente “están permitidos”: estos compuestos pueden llegar al organismo y detectarse en tejidos humanos.

La exposición procedente de productos de cuidado personal está además documentada. En adolescentes, el uso diario de maquillaje se asoció con concentraciones urinarias claramente superiores de methylparaben y propylparaben.[11] Y cuando se sustituyeron durante solo tres días productos que contenían estos compuestos, los biomarcadores urinarios disminuyeron alrededor de un 44-45 % para methylparaben y propylparaben.[4]

Hay datos humanos todavía más incómodos. Un estudio caso-control en mujeres encontró que la frecuencia de uso de determinados cosméticos predecía concentraciones urinarias de parabenos y benzofenonas; algunas concentraciones se asociaron con un mayor riesgo de endometriosis en esa muestra. Es un estudio pequeño y necesita confirmación, por lo que no permite afirmar causalidad. Pero es exactamente el tipo de señal que merece investigación, no indiferencia.[12]

Incluso las evaluaciones que concluyen seguridad a determinados niveles reconocen el motivo del escrutinio. En 2023, el SCCS evaluó butylparaben teniendo expresamente en cuenta las preocupaciones sobre actividad endocrina y consideró seguro su uso hasta el 0,14 %; al mismo tiempo señaló que, ante la falta de datos específicos de exposición infantil, no podían excluirse posibles preocupaciones para niños.[13]

Cuando existe la posibilidad de formular con otros sistemas conservantes, mi criterio es sencillo: no necesito esperar a que una asociación se convierta en una sentencia definitiva para reducir una exposición que puedo evitar sin perder la función del producto.

Formaldehído y liberadores de formaldehído

Aquí la discusión es mucho menos abstracta. El formaldehído es un sensibilizante cutáneo bien conocido y un carcinógeno reconocido en determinados escenarios de exposición. En cosmética, además del formaldehído libre, han existido conservantes capaces de liberarlo progresivamente dentro de la propia fórmula.

Entre los liberadores de formaldehído más conocidos están DMDM Hydantoin, Diazolidinyl Urea, Imidazolidinyl Urea, Quaternium-15 y Bronopol. Una revisión clínica de 2022 describe formaldehído y sus principales liberadores como causas relevantes de alergia de contacto y dermatitis alérgica.[14]

Una metaanálisis publicada en 2026, con más de 1,3 millones de pacientes con dermatitis, estimó una prevalencia agrupada de alergia de contacto al formaldehído cercana al 2,9 % y encontró sensibilización también frente a sus principales liberadores.[15]

Hay un detalle especialmente revelador: la cantidad de formaldehído que puede liberar un conservante depende de la concentración, el pH y la composición del producto. Una revisión concluyó que, en determinadas condiciones, varios liberadores podían superar 200 ppm de formaldehído libre y que esa cantidad no podía conocerse simplemente leyendo la etiqueta del cosmético.[16]

¿Por qué exponerte a un liberador de formaldehído si la conservación puede conseguirse mediante otros sistemas? Conservar un cosmético es imprescindible. Utilizar exactamente esta familia de conservantes no lo es.

Más ingredientes controvertidos en cosméticos

Hasta aquí ya hay una idea difícil de ignorar: un ingrediente puede cumplir perfectamente su función tecnológica y seguir planteando preguntas razonables sobre sensibilización, actividad endocrina, impurezas, persistencia o exposición. Vamos con los demás ingredientes del artículo.

Bronopol 2-Bromo-2-Nitropropane-1,3-Diol

Bronopol es un conservante antimicrobiano y uno de los liberadores de formaldehído conocidos. Está documentado como sensibilizante de contacto y forma parte de los compuestos que se prueban específicamente cuando se sospecha alergia a formaldehído o a sus liberadores.[14]

Pero hay algo más interesante. Bronopol puede actuar como agente nitrosante. En presencia de determinadas aminas secundarias puede favorecer la formación de N-nitrosaminas. Trabajos experimentales en cosméticos identificaron Bronopol entre los agentes relevantes en la formación de N-nitrosodiethanolamina, y estudios en champús y cremas demostraron que la composición de la fórmula y la presencia de antioxidantes modifican esa formación.[17][18]

Ésta es una lección importante: la seguridad de una fórmula no siempre puede entenderse ingrediente por ingrediente. También importa la química que ocurre cuando esas sustancias conviven durante meses dentro del mismo envase.

Existen otros sistemas conservantes. Por eso, si una fórmula puede mantenerse microbiológicamente segura sin recurrir a un liberador de formaldehído con capacidad nitrosante, evitarlo es una decisión que tiene sentido.

Propylene Glycol humectante · disolvente · vehículo

Propylene Glycol aparece en cosméticos, medicamentos tópicos, fragancias y productos de cuidado personal porque es un excelente vehículo, humectante y disolvente. Su utilidad técnica está fuera de duda.

También está fuera de duda que puede producir irritación y dermatitis de contacto en determinadas personas. Una revisión sistemática lo describe como un ingrediente controvertido precisamente por actuar a la vez como irritante y como alérgeno débil.[19] En una serie de 11.738 pacientes sometidos a pruebas epicutáneas, se registraron reacciones alérgicas e irritativas; la frecuencia aumentó con la concentración utilizada en la prueba.[20]

Datos más recientes vuelven a recordar que no es un asunto puramente teórico: en una cohorte clínica de pacientes sometidos a patch-test, el 2,79 % presentó alergia a propylene glycol y los cosméticos fueron la fuente de exposición más frecuente entre los casos alérgicos.[21]

Esto no convierte a Propylene Glycol en un veneno sistémico por aparecer en una crema. Sí significa que, en piel sensible, reactiva o con dermatitis, no merece ser tratado como un excipiente irrelevante. Existen otros sistemas humectantes y vehículos; la elección debe hacerse en función de la piel, no de la comodidad formulativa.

Ftalatos disrupción endocrina y exposición real

“Ftalatos” es una familia amplia y no todos tienen el mismo perfil. Pero algunos de sus miembros acumulan una de las historias toxicológicas más contundentes de este artículo: toxicidad reproductiva, actividad endocrina y restricciones regulatorias severas.

La exposición humana a ftalatos es ubicua y los productos de consumo, incluidos cosméticos y productos perfumados, pueden contribuir a ella.[22] Estudios de biomonitorización muestran que la frecuencia de uso de productos de cuidado personal se relaciona con metabolitos urinarios de determinados ftalatos; la asociación con MEP es especialmente consistente para perfumes y productos con fragancia.[23]

La literatura sobre salud reproductiva es extensa. Existen asociaciones epidemiológicas con alteraciones de parámetros reproductivos y una base experimental sólida para efectos antiandrogénicos de varios ftalatos, aunque la magnitud del riesgo varía según molécula, dosis, ventana de exposición y población.[24]

Y tenemos otra prueba de que los productos de cuidado personal sí aportan exposición: en el estudio de intervención citado antes, solo tres días de sustitución de productos redujeron un 27 % el metabolito MEP.[4]

Cuando existen alternativas como otros plastificantes, disolventes o sistemas de fijación, reducir una exposición endocrina prescindible resulta una decisión razonable, especialmente en etapas sensibles como embarazo, adolescencia o edad reproductiva.

BHT · Butylated Hydroxytoluene antioxidante sintético

BHT se utiliza para frenar la oxidación de grasas y aceites y mejorar la estabilidad del producto. No está ahí para tratar tu piel: está ahí, principalmente, para proteger la fórmula.

Su perfil ha merecido suficiente atención como para que el SCCS lo evaluara expresamente teniendo en cuenta preocupaciones relacionadas con posibles propiedades de disrupción endocrina. El Comité concluyó que era seguro hasta determinados límites de concentración en cosméticos.[25]

La lectura interesante no es “si está permitido, no pasa nada”. La lectura es que incluso un antioxidante técnico aparentemente secundario puede necesitar una evaluación específica por potencial actividad endocrina. Hay fórmulas que se estabilizan con otros antioxidantes y sistemas protectores. Si quiero minimizar determinados compuestos, BHT es perfectamente prescindible desde el punto de vista del consumidor.

Aluminio antitranspirantes

Las sales de aluminio se utilizan en antitranspirantes porque reducen temporalmente el flujo de sudor. Aquí debemos separar muy bien lo que sabemos de lo que todavía no está resuelto.

Los estudios epidemiológicos no han demostrado de forma consistente que utilizar antitranspirantes con aluminio cause cáncer de mama. Una revisión sistemática de 2023 encontró resultados no uniformes y limitaciones importantes en los estudios disponibles.[26]

Pero la ausencia de una causalidad epidemiológica demostrada no significa ausencia de actividad biológica. En modelos celulares mamarios, sales como aluminium chloride y aluminium chlorohydrate han mostrado efectos sobre reparación del ADN y otros mecanismos que justifican seguir investigando.[27]

Si lo que buscas es controlar el olor, no necesitas necesariamente bloquear la sudoración: existen desodorantes sin sales de aluminio. Si tu objetivo es reducir físicamente la cantidad de sudor, los compuestos de aluminio siguen siendo los antitranspirantes más eficaces. La decisión entonces es consciente: qué función quieres y qué exposición estás dispuesta a aceptar para conseguirla.

PEG y otros ingredientes etoxilados lo que el INCI puede no mostrar

Los PEG constituyen una familia enorme de materias primas. No tiene rigor afirmar que todos los PEG sean tóxicos por definición. El problema realmente interesante está en su proceso de fabricación.

Durante la etoxilación puede formarse 1,4-dioxano como subproducto. La FDA explica que esta sustancia no se añade intencionadamente al cosmético, pero puede aparecer como contaminante en determinados detergentes, espumantes, emulsionantes y disolventes identificables por términos como PEG, Polyethylene, Polyoxyethylene, terminaciones -eth- u -oxynol-.[28]

Aquí aparece una de las paradojas más importantes de todo el artículo: puedes leer correctamente el INCI y seguir sin ver una impureza del proceso de fabricación. La legislación europea excluye de la definición de ingrediente las impurezas presentes en las materias primas.[1]

Las buenas prácticas y los procesos de purificación pueden reducir muchísimo este contaminante. Pero el consumidor no puede saber únicamente mirando la etiqueta qué nivel residual presenta esa materia prima. Por eso la calidad del proveedor y el control de fabricación importan tanto como el nombre que lees en el envase.

Existen sistemas no etoxilados para muchas de las funciones que cumplen los PEG. Si una marca decide trabajar con ellos, la calidad y purificación de la materia prima son parte de lo que debería exigir internamente, aunque tú nunca puedas verlo en el INCI.

1,4-Dioxano un contaminante que no compras voluntariamente

El 1,4-dioxano es un excelente ejemplo de por qué “lo que pone en la etiqueta” y “todo lo que puede contener el producto” no son exactamente lo mismo.

No suele utilizarse como ingrediente funcional. Puede formarse durante la fabricación de determinadas materias primas etoxiladas y quedar como contaminante residual.[28]

Por eso no esperes encontrar “1,4-dioxane” escrito en el INCI. La reducción de esta impureza depende de procesos de fabricación y purificación. El consumidor compra el producto acabado, pero parte de su calidad se decidió mucho antes, cuando se eligieron y procesaron las materias primas.

Si existen materias primas y procesos capaces de evitar esa vía de contaminación, no hay ninguna obligación cosmética de aceptar un residuo simplemente porque pueda controlarse por debajo de determinados niveles.

DEA · Dietanolamina y derivados nitrosaminas

DEA y determinados derivados se han utilizado como emulsionantes, espumantes, reguladores de pH o auxiliares de formulación. El problema que hace especialmente interesante esta familia no es únicamente la sustancia aislada, sino qué puede ocurrir cuando coincide con agentes nitrosantes.

El National Toxicology Program observó una asociación entre la aplicación tópica de DEA o determinados ingredientes relacionados y cáncer en animales. Ese estudio no estableció que DEA cause cáncer en humanos, pero fue suficientemente relevante para provocar una atención regulatoria y una reducción de su uso.[29]

Además, DEA y otras aminas pueden participar en la formación de N-nitrosaminas. NDELA y NDEA se han detectado en cosméticos y se han realizado evaluaciones específicas de riesgo por su potencial carcinogénico.[30]

Si la misma función de espuma, emulsión o ajuste de pH puede conseguirse con sistemas que no generan este tipo de preocupación química, la alternativa existe. No necesitas asumir esta vía porque una formulación sea más cómoda de fabricar con ella.

Mercurio cuando “está prohibido” no significa “no existe”

El mercurio es neurotóxico y nefrotóxico. Aquí no hablamos de una controversia menor. La OMS advierte expresamente sobre productos aclarantes de la piel que contienen mercurio y los relaciona con daño renal, daño del sistema nervioso y problemas cutáneos.[31]

En muchos países estos productos están prohibidos o limitados. Y, aun así, siguen apareciendo en el mercado, especialmente a través de internet y canales de importación. La OMS señala que incluso en países con controles estrictos pueden seguir encontrándose productos aclarantes con mercurio.[31]

Éste es un recordatorio incómodo: la existencia de una regulación no garantiza que todo lo que llega al consumidor cumpla la regulación. Comprar en canales fiables y conocer la trazabilidad del producto importa.

En este caso no hay debate sobre buscar una “alternativa más segura”: el mercurio en productos aclarantes no es una exposición que debamos aceptar.

Fragancias y “Parfum” mucho más que oler bien

Cuando lees Parfum puedes estar leyendo el nombre legal de una composición aromática compleja. Determinados alérgenos deben declararse individualmente al superar umbrales establecidos, pero el término sigue representando una mezcla cuya composición completa no aparece desarrollada ingrediente por ingrediente en el frontal que ve el consumidor.

La alergia de contacto a fragancias no es anecdótica. Una revisión sistemática europea encontró sensibilización a Fragrance Mix I en el 6,81 % y a Fragrance Mix II en el 3,64 % de pacientes con dermatitis sometidos a patch-test.[32] En población general europea también se ha estimado una prevalencia relevante de alergia de contacto a fragancias.[33]

Después están los almizcles sintéticos. Tonalide —AHTN— y otros almizcles policíclicos se han detectado en sangre humana y leche materna.[34][35] En ensayos experimentales, AHTN y HHCB han mostrado interacción con receptores hormonales, incluida actividad antiestrogénica en determinados modelos.[36]

Eso no significa que ponerse perfume cause una enfermedad endocrina. Significa que algunas moléculas utilizadas simplemente para oler bien pueden atravesar la frontera entre “sensorial” y “biológicamente activo”.

En una crema destinada a piel reactiva, sensibilizada o sometida a múltiples productos, eliminar el perfume es una de las exposiciones más fáciles de evitar. El producto puede seguir hidratando, emulsionando y tratando sin necesidad de oler a nada.

Talco una reevaluación que cambia la conversación

Durante años se simplificó demasiado el debate sobre el talco. Hoy tenemos un dato mucho más preciso.

En 2024, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer —IARC— clasificó el talco como probablemente carcinogénico para humanos, Grupo 2A, basándose en evidencia limitada en humanos para cáncer de ovario, evidencia suficiente en animales y evidencia mecanística fuerte en células humanas y sistemas experimentales.[37]

Grupo 2A identifica un peligro carcinogénico; no significa que utilizar una vez un polvo facial con talco produzca cáncer. Pero tampoco permite seguir describiendo el debate como una superstición sin base.

Hay además una segunda cuestión: algunos depósitos de talco pueden estar contaminados con asbestos, y la propia IARC recuerda que esa contaminación ha sido documentada en determinados productos. Talco con asbestos pertenece a otro escenario y mantiene la clasificación del asbestos como carcinógeno Grupo 1.[37]

Para aportar tacto sedoso, absorción o acabado mate existen almidones, sílicas y otros polvos cosméticos. Ninguna formulación está condenada a usar talco. Cuando una materia prima ha alcanzado una clasificación 2A y existen alternativas funcionales, evitarla deja de parecer una decisión extravagante.

Colorantes y tintes capilares el nombre exacto importa

No existe una categoría toxicológica llamada “colorantes malos”. Cada molécula debe analizarse por separado. Pero eso no hace inocuo el asunto.

La p-phenylenediamine (PPD), ampliamente utilizada en tintes capilares oxidativos, es un sensibilizante potente. Una revisión sistemática encontró una prevalencia agrupada de alergia de contacto a PPD del 4,3 % entre pacientes sometidos consecutivamente a patch-test y un riesgo de sensibilización claramente mayor en profesionales de peluquería.[38]

Otra revisión sistemática sobre precursores de tintes oxidativos concluyó que PPD y PTD muestran potencial genotóxico en diferentes sistemas experimentales, aunque los resultados dependen del ensayo y no equivalen a demostrar cáncer en usuarios de tintes.[39]

La evaluación continúa evolucionando. En 2026, el SCCS concluyó que el colorante capilar Basic Brown 16 no debía considerarse seguro al 2 % porque el peso de la evidencia indicaba potencial mutagénico.[40]

Ésta es exactamente la razón para no mirar un CI o un nombre de tinte como un detalle irrelevante. La química del color también es química biológicamente activa.

Fenol y compuestos fenólicos no confundas “phenyl” con fenol

El fenol es una sustancia cáustica con absorción cutánea rápida. En peelings médicos profundos puede producir una remodelación intensa de la piel, pero esa misma capacidad obliga a controlar rigurosamente dosis, superficie tratada y técnica por riesgo de arritmias, toxicidad renal, neurotoxicidad y otras complicaciones sistémicas.[41]

Esto demuestra algo importante: una sustancia puede ser eficaz y peligrosa al mismo tiempo. El resultado depende de cómo, cuánto y dónde se utiliza.

Pero hay que corregir una simplificación frecuente: la partícula “phenyl” dentro del nombre químico no significa que el ingrediente sea fenol. Existen miles de moléculas con grupos fenilo y perfiles completamente diferentes.

Cuando hablamos de compuestos concretos, vuelven a aparecer matices interesantes. O-Phenylphenol, por ejemplo, ha requerido evaluaciones específicas y límites de concentración; las evaluaciones han considerado incluso exposición agregada y su clasificación toxicológica.[42] La lección es la misma: nombre exacto, dosis exacta, función exacta.

Benzyl Alcohol “permitido en natural” no significa “incapaz de sensibilizar”

Durante mucho tiempo se presentó Benzyl Alcohol como una alternativa “suave” por su presencia en sistemas de conservación aceptados en determinados estándares de cosmética natural. Esa etiqueta puede dar una falsa sensación de simplicidad.

Benzyl Alcohol se utiliza como conservante, disolvente y componente de fragancias y puede provocar dermatitis alérgica de contacto, especialmente con exposición prolongada o repetida. En 2026 fue elegido “Allergen of the Year” por la American Contact Dermatitis Society precisamente para llamar la atención sobre un problema que puede estar infradiagnosticado.[43]

Esto no significa que debas sustituirlo automáticamente por cualquier otro conservante. Significa algo más útil: “natural”, “eco” o “permitido por un estándar” no son sinónimos de hipoalergénico. La formulación tiene que valorarse completa.

Lo que más debería sorprenderte de todo esto

No es que existan sustancias químicas en tus cremas. Todo lo que existe es química.

Lo sorprendente es la distancia que puede existir entre lo que el consumidor cree que está comprando y lo que realmente define una fórmula.

Una crema puede venderse alrededor de un péptido, una vitamina o una molécula patentada y, sin embargo, la mayor parte de su arquitectura estar diseñada para resolver cuestiones mucho menos emocionantes: estabilidad, textura, conservación, deslizamiento, olor, aspecto, compatibilidad con el envase y coste.

Eso es formulación. No es necesariamente un fraude. El problema aparece cuando el marketing consigue que confundamos el ingrediente protagonista de la campaña con la composición real del producto.

Y hay algo más: el INCI tampoco es una fórmula cuantitativa. Por debajo del 1 %, el orden deja de permitirte inferir concentraciones. Las impurezas no tienen por qué figurar como ingredientes. Las fragancias pueden declararse bajo “Parfum”. Un ingrediente puede producir una sensación inmediata espectacular y no ser el que está tratando el problema que tú creías tratar.

Una crema puede ser legal, estable, agradable y perfectamente vendible. Eso no significa que sea la fórmula que yo elegiría para tu piel.

Nerea Varela · Kosmet.es

Durante años mi criterio profesional ha sido exactamente éste: si una función puede conseguirse con una opción que me genera menos dudas toxicológicas, menos riesgo de sensibilización o menos exposición innecesaria, prefiero esa opción.

No necesito demostrar que una sustancia vaya a enfermar a todas las personas para decidir que no aporta suficiente valor como para quererla dentro de una rutina diaria. Y tampoco necesito aceptar una molécula solo porque el porcentaje utilizado se encuentre dentro de un rango autorizado.

La regulación establece límites de seguridad. El criterio profesional decide, dentro de todo lo permitido, qué merece la pena utilizar.

Cómo elegir a partir de hoy

La próxima vez que tengas un cosmético entre las manos, gira el envase.

Mira los primeros ingredientes antes de leer el claim. Busca el activo que protagoniza la publicidad. Observa qué conservantes, perfumes y agentes sensoriales aparecen. Pregúntate qué parte de la sensación que notas procede de un tratamiento real y qué parte procede de una película, un emoliente o una silicona diseñada para hacer que la piel “se sienta” mejor inmediatamente.

No necesitas convertirte en química. Necesitas recuperar la capacidad de hacer preguntas.

  • ¿Qué ingredientes construyen realmente la base?
  • ¿Qué función cumple cada uno?
  • ¿Qué sabemos de su sensibilización, actividad endocrina, impurezas o exposición?
  • ¿Existe una alternativa capaz de hacer lo mismo?
  • ¿El ingrediente que vende el producto está realmente en una zona del INCI que permita pensar que tiene peso en la fórmula?
  • ¿Estoy eligiendo por resultado o por la historia que cuenta el envase?

El precio no responde esas preguntas. Tampoco el prestigio de una marca, la farmacia, la perfumería, el centro de estética ni una campaña con una celebridad.

Por eso este artículo se llamó ¿Venenos en tus cremas? No porque cada cosmético permitido sea un veneno. Porque durante demasiado tiempo el consumidor ha aplicado productos todos los días sin saber qué había detrás de una lista de nombres que parecía diseñada para que nadie la entendiera.

A partir de ahora, esa lista ya no debería darte igual.

Referencias científicas y regulatorias
  1. Reglamento (CE) 1223/2009 sobre productos cosméticos, artículo 19: orden del INCI, umbral del 1 % e impurezas.
  2. Advanced topical formulations - revisión sobre vehículo, biodisponibilidad y formulación tópica.
  3. Mixture effects at very low doses with combinations of anti-androgenic chemicals.
  4. HERMOSA intervention study: reducción de biomarcadores de ftalatos, parabenos y otros compuestos tras cambiar productos de cuidado personal.
  5. IARC: mineral oils untreated or mildly treated - carcinogenicidad y diferencias por refinado.
  6. Evidence for cosmetics as a source of mineral oil contamination in women.
  7. Mineral oil and synthetic hydrocarbons in cosmetic lip products.
  8. Skin occlusive performance: alternatives vegetales al petrolatum.
  9. ECHA: D4, D5 y D6 - clasificación y restricciones en productos cosméticos.
  10. Paraben esters: endocrine activity, absorption and human exposure.
  11. Uso de productos de cuidado personal y concentraciones urinarias de parabenos y ftalatos.
  12. Cosmetic and personal care product use, urinary parabens/benzophenones and endometriosis risk.
  13. SCCS: Opinion on Butylparaben, 2023.
  14. Clinical review: formaldehyde and formaldehyde releasers, contact allergy and dermatitis.
  15. Systematic review and meta-analysis: formaldehyde and formaldehyde releaser contact allergy.
  16. Formaldehyde releasers in cosmetics: amount released and risk in sensitized consumers.
  17. N-nitrosoalkanolamines in cosmetics: Bronopol/Bronidox as nitrosating agents.
  18. Bronopol and N-nitrosamine formation in shampoos and skin creams.
  19. Propylene Glycol in Contact Dermatitis: systematic review.
  20. Patch Testing to Propylene Glycol: Mayo Clinic experience.
  21. Contact allergy from Propylene Glycol and related glycols, 2026.
  22. Human exposure to phthalates via consumer products.
  23. Exposure to phthalates from personal care products: urinary levels and predictors.
  24. Phthalate exposure and female reproductive health: review.
  25. SCCS/1636/21: BHT and potential endocrine-disrupting properties.
  26. Systematic review: aluminium exposure and breast cancer risk.
  27. Aluminium salts and DNA repair in human breast epithelial cells.
  28. FDA: 1,4-dioxane as a manufacturing byproduct in cosmetics.
  29. FDA: Diethanolamine and animal cancer findings.
  30. Risk assessment of NDEA and NDELA in cosmetics.
  31. WHO: Mercury and health; mercury-containing skin-lightening products.
  32. Systematic review: fragrance contact allergy among European dermatitis patients.
  33. Fragrance contact allergy in the general European population.
  34. Blood concentrations of polycyclic musks in healthy young adults.
  35. Synthetic musk fragrances in human breast milk.
  36. Polycyclic musks and interactions with estrogen/androgen/progesterone receptors.
  37. IARC 2024/Volume 136: talc classified as probably carcinogenic to humans (Group 2A).
  38. Systematic review: contact allergy to hair cosmetic ingredients, including PPD.
  39. Systematic review: genotoxicity of oxidative hair dye precursors PPD and PTD.
  40. SCCS 2026: Basic Brown 16 - weight of evidence indicates mutagenic potential.
  41. Phenol in dermatology: updated evidence on efficacy and safety.
  42. SCCS opinion: o-Phenylphenol and aggregate exposure.
  43. Benzyl Alcohol: Allergen of the Year 2026.
  44. An integrative approach to product development - skin-care cream: materias primas, activos, estabilidad y coste dentro del desarrollo industrial.
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Después de leer un INCI, ya no vuelves a mirar una crema igual.

Cosmética, piel y rejuvenecimiento desde una mirada independiente.

¡PRESTA ATENCIÓN!

Porque hoy aquí vas a descubrir lo que nunca te han dicho, esta información que  te voy proporcionar, te va a permitir descubrir si los productos que usas a diario te embellecen o de lo contrario te envenenan a partir de hoy sabrás  lo que tus cosméticos escoden. La normativa española dice que los productos definidos en la misma como ‘cosméticos’ no pueden contener sustancias clasificadas como carcinógenos, mutágenos o tóxicos pero si lees las etiquetas de incluso marcas de mucho prestigio o internacionales demuestra que las leyes no se respetan. Son cada vez más los expertos que entienden que muchos cosméticos por legales que sean, actúan como auténticos venenos. Existen estudios que documentan cómo actúan estas sustancias químicas y tóxicas por separado pero apenas hay estudios e investigaciones sobre su actuación sinérgica junto con otros tóxicos que es como normalmente se nos presentan. Seguramente has comprado alguna vez productos de belleza que prometen mejorar tu rostro o alguna zona de tu cuerpo pero que nunca acabas de ver el resultado que deseas y tu piel cada día está más lejos del aspecto que te gustaría tener. Si te sientes identificad@ tengo dos noticias para ti: La primera es que no eres TU  y por supuesto tampoco la única persona a la que le sucede esto, de hecho es normal que te suceda ya que los productos que compras posiblemente esté muy lejos de poder ofrecerte los resultados que deseas o que anuncian, esto puede ser bien porque lo que pone en el envase no se corresponde con su acción real (que es lo que suele suceder) o bien porque el producto que has elegido no es el adecuado para ti. Sea como sea no te desanimes porque si lees este artículo podrás empezar a lograr resultados de verdad a partir de ahora. La segunda es que la mayoría de los productos de belleza en cualquier canal de venta ( alta perfumería, centros de belleza “profesionales”, grandes superficies…) además de no ofrecerte el resultado que deseas incluyen en su composición numerosos ingredientes tóxicos que te hacen sentir una aparente sensación de confort pero que la dañan y la perjudican a corto y también a largo plazo. He hecho este artículo especialmente para ti, estoy segura que si eres consumid@r de productos de belleza has sido engañado alguna vez por un marketing persuasivo que anuncia los beneficios inexistentes  de un producto con un envase precioso y un contenido altamente perjudicial para tu piel. Síntomas asociados a su uso podrían ser: Una molesta  jaqueca, picor de ojos, alergias, eccemas, dermatitis crónicas…  realmente estos serían los efectos de LOS MENOS PERJUDIALES a los que estaríamos expuestos cuando consumimos cosméticos o productos que contienen algunos de los INGREDIENTES TÓXICOS que te contaré a continuación. Y tengo una muy buena noticia para ti, a partir de ahora serás tu quien elija realmente que producto puede realmente beneficiarte y podrás hacerlo desde hoy si sigues los 3 sencillos pasos que he creado para ayudarte  a identificar si un producto es bueno o malo y cuándo te están intentando engañar. Si, ya no se trata de un asunto de “buena” o “mala” calidad o de “mayor” o “menor” precio, sino de la composición y los ingredientes utilizados en la elaboración del producto en si.  

¿CÓMO IDENTIFICAR INGREDIENTES TÓXICOS?

Aprender a leer las etiquetas de tus cosméticos puede resultar una tarea difícil en un principio pero también puede ser tu SALVACIÓN. Yo te ayudaré a hacerlo de una forma sencilla, sin que tengas que tener todos mis conocimientos sobre química y  puedas identificar fácilmente en tu día a día cuales son los ingredientes tóxicos más comunes . SI TU COSMÉTICO LOS CONTIENE  ¡ELIMÍNALO DE TU RUTINA! He sintetizado al máximo el proceso de lectura de etiquetas para que en 3 sencillos pasos puedas entenderlas, esto lo podrás hacer a partir de ahora siempre que tengas que elegir un producto. Si lo tienes en casa para decidir si te lo quedas o lo tiras y si lo vas a comprar para decidir si te lo llevas o no.  Al principio igual te resulta un poco más complicado no te preocupes y no abandones hacerlo será muy bueno para ti y verás que con un par de veces que lo hagas te saldrá ya casi sólo, al final verás que en la mayoría de los productos se repiten casi siempre los mismo tóxicos y te los acabarás sabiendo de memoria. Si aun así tuvieras alguna duda no te preocupes a través  de este enlace www.kosmet.es/contacto puedes enviarme un mensaje directo o pinchando sobre  el botón rosa que aparece a lo largo del artículo.

¿Por dónde empezar?

Pero antes de explicarte los 3 pasos debes saber localizar en qué parte del producto debes buscar la información que por LEY toda etiqueta debe llevar y dónde podremos encontrar la información que buscamos. Se llama INCI y es un LISTADO DE LOS INGREDIENTES  que contiene dicho producto. Una vez localizado debes de tener en cuenta que los ingredientes están ordenados de mayor a menor concentración, ( Aparecerán de primero los ingredientes más concentrados y los menos concentrados irán de últimos). En las últimas posiciones deberíamos encontrar por ejemplo el perfume o los conservantes ya que cualquier ingrediente activo por muy bueno que sea para tu piel si  va a continuación de estos, iría en una concentración tan baja que sería incapaz de realizar cualquier acción beneficiosa sobre tu piel.

¿Como encontrar el INCI?

-Aparecen todos los ingredientes con su nombre científico separados por comas. -A veces no es muy fácil encontrarlo  pero te voy a dar unos consejos:  si el producto viene en un envase de cartón probablemente en alguna parte del envase encuentres una imagen como esta: –Si no tiene caja vendrá en la etiqueta  del producto. -Si no tiene caja y no viene en la etiqueta deberá llevar este símbolo que indica que existe una pequeña etiqueta adjunta que proporciona dicha información.

¿Cómo LEER INCI ?

En el INCI los INGREDIENTES no aparecen por su nombre común, son listados por su nombre científico y obviamente es difícil que puedas entenderlos sin conocimientos previos así que te voy a ayudar con LOS 3 PASOS que debes seguir para saber si tu producto es BUENO O NOCIVO. Si los sigues tendrás CAPACIDAD DE ELECCIÓN sobre lo que aplicas en tu organismo sin ser ENGAÑADO Y PERSUADIDO POR EL MARKETING DE UN ENVASE.

¿VENENOS EN TUS CREMAS?

Sigue estos 3 PASOS y lo DESCUBRIRÁS:

PASO 1 (Ingredientes)

IDENTIFICAR el INCI (listado de ingredientes del cosmético) . Tienes que localizar el INCI no sirve una simple mención a ingredientes que contiene, debe ser un listado con los nombres científicos de los ingredientes. Tal y como en la imagen que se muestra a la izquierda. Este sería un ejemplo de una mala composición , un cosmético formado en su mayor parte de agua y dos siliconas. “CYCLOPENTASILOXANE” “DIMETHICONE” Si no lo localizas lee el apartado anterior, en Él detallo como localizar el INCI en tu cosmético.

PASO 2 (La base de tu cosmético)

CONOCER el orden en el que deben aparecer los ingredientes en el INCI.

Los 4 o 5  ingredientes listados de primero son los que están en una mayor proporción. (Y por tanto la base de tu cosmético) Por ejemplo en una crema el PRIMERO siempre suele ser AGUA y el SEGUNDO “lo ideal” sería que fuera un INGREDIENTE NATURAL, digo lo ideal porque lo habitual suele ser encontrar en esta posición ingredientes como derivados del PETRÓLEO : “paraffinum liquidum” , “mineral oil”, “propylene glicol” , etc. (Si es así MI CONSEJO es que dejes de utilizar ese producto, a no ser que tu objetivo sea conseguir una TEZ COMO LA DE FREDDY KRUEGER):
  • El petróleo son cancerígenos. Cubre la piel como si fuera una envoltura de plástico de tal forma que tapan los poros, bloquean la respiración de las células y extraen la humedad de la piel. Predispone a manchas irritaciones,dermatitis, enrojecimiento, sequedad,etc. Te hace sentir suavidad en tu piel tras aplicarlo  y se usa porque es un compuesto muy barato.
También es habitual encontrar SILICONAS en estas posiciones o un poco más adelante nombres acabados en “XANE” “ANE “ONA”:
  • Las siliconas te hacen sentir la piel muy suave y sedoso pero perjudican tu  piel. Se usas para hacerte pensar que ese producto hace un efecto positivo sobre tu piel.

PASO 3 (El conservante y otros químicos)

IDENTIFICAR  el conservante Una vez encontrado tendremos en cuenta dos cosas muy importantes: 1 PRIMERA Si tu cosmético lleva alguno de los principales conservantes nocivos: (Te adelanto que si tus productos utilizan este tipo de conservantes los tires directamente a la basura) -Parabenos:  benzylparaben, butylparaben methylparaben (E214) isobutylparaben isopropylparaben methylparaben (E218) propylparaben (E216)… Pueden producir alergias y otras reacciones además, en el 2004 oncólogos de la University of reading Edinburgo encontraron en el 90% de las biopsias de mujeres con cáncer de mama rastros de parabenos. Tienen efectos similares a los del clorhidrato de aluminio son sustancias bacteriostáticas y fungicidas utilizados en multitud de productos de belleza estas sustancias pueden imitar el comportamiento de los estrógenos y favorecer el crecimiento de tumores asociados a los niveles de éstos como es caso del cáncer de mama. -Formaldehídos como uso está prohibido por lo tóxico que es, se utilizan los Liberadores de formaldehídos responsables de alergias dermatitis irritaciones, dolores de cabeza, etcétera. Algunos de los que nombro a continuación se ha demostrado que irritan el aparato respiratorio y la piel y pueden producir palpitaciones: Son los ingredientes que se acompañan de la palabra urea:diazolidinyl urea,  imidazolidinyl urea, letras DM precediendo a la palabra: DM hidantoina . También Quaternium (presente en los champús de Johnson’s Baby) armilacetato dimetil , oxazolidino, entre otros muchos… El conservante que yo recomiendo que lleven vuestros productos es especialmente es el benzyl alcohol es un conservante muy suave que está permitido en la cosmética natural certificada. 2 SEGUNDA Los conservantes pueden aplicarse en una concentración que nunca supera el 1% así que eso te dará una buena pista para saber que todo lo que vaya en las posiciones  de después de él, está en una concentración muy baja es decir si el producto es de 50 ml posiblemente no lleve ni 4 gotas de ese compuesto. Identifica también el perfume normalmente nombrado como “parfum” pasa exactamente lo mismo que con los conservantes, las concentraciones permitidas son muy bajas así que todo lo que vaya a continuación quiere decir que va en una concentración muy baja y por lo tanto no puede realizar una acción importante sobre la piel.  

MÁS TÓXICOS EN TUS CREMAS

Con esos tres pasos puedes seleccionar muy fácil cosméticos tóxicos que encontrarás de forma muy habitual incluso en cosmética de alta perfumería,centros de alta estética, dermatólogos, farmacias, grandes superficies, etcétera.

Pero si quieres saber más a continuación te hablo de otros químicos presentes también en muchos cosméticos igual de nocivos que los que te acabo de nombrar o incluso más…

-Fenol y Fenil El Fenol y el Fenil son sustancias que se utilizan como desinfectantes y como conservantes en los cosméticos. El fenol es un ingrediente tóxico que puede afectar al sistema nervioso central, corazón, hígado, riñones, intestinos y piel. Algunos compuestos con fenol son: Nitropheno, phenolphthalein, chlorophenol. El Fenil penetra por la piel accede al torrente sanguíneo y puede causar problemas hepáticos se usan en cosméticos de todo tipo pero son muy usados en enjuagues bucales. Por ejemplo: Phenylenediamie sulfate.

-2-Bromo-2-Nitropropano-1,3Diol(Bronopol)

En la piel causa irritación, alergia, picor y dermatitis. Puede causar cianosis en las extremidades punto en los ojos provoca irritación severa, conjuntivitis química y daño corneal. Muy usado en productos  de hogar como suavizantes de la ropa y en algunos cosméticos.

-Propylene Glycol Utilizado en cosméticos pero también en pinturas detergentes de la ropa ceras para suelos hasta el líquido de frenos. Se dice que ayuda a retener la humedad en la piel y hace que se perciba sedosa pero no se dice que numerosos estudios lo relacionan con la dermatitis de contacto, trastornos de riñón, anormalidades en el hígado, inhibición del crecimiento de las células epidérmicas, irritación de los ojos, náuseas dolor de cabeza, vómitos…

-Ftalatos Disolventes y suavizantes fáciles de encontrar en cremas de esmaltes de uñas perfumes lacas de pelo desodorantes etcétera. El Parlamento Europeo prohibió su uso el 22 de marzo del 2001 en la fabricación de juguetes que puedan meterse en la boca y en artículos de puericultura que se les relaciona con daños en los sistemas reproductivos endocrino y con aumento del riesgo de padecer asma y cáncer. Algunos estudios, como el realizado por la Universidad de Rochester señalan que la exposición hasta sustancias también está ligada a un elevado riesgo de anomalías genitales en bebés masculinos. Dietilhexiloftalato(DEHP), dibutilftalato(DBP), butilbenzilftalato(BBP), diisononilftalato(DINP), diisodeciloftalato(DIDP), dinoctilftalato(DNOP).

-Butilhidroxitolueno(BHT) Antioxidante sintético que puede modificar la acción de ciertas sustancias que pueden provocar cáncer relacionado con alergias asma, disfunciones endocrinas, cambios a nivel celular, irritaciones sequedad, etcétera.

-Aluminio Es un metal tóxico. De hecho se han realizado numerosos estudios sobre la relación entre el aluminio y el Alzheimer, algunos de ellos incluso por la Organización Mundial de la Salud. Destacando el hecho de que las autopsias realizadas en pacientes que padecían esta enfermedad encontraron en sus cerebros grandes concentraciones de aluminio( La Dra. Clark lo asocia con la principal causa del Alzheimer).

– Polietileno glicol (PEG) Contribuyen a eliminar la protección natural de la piel y a permitir la entrada de otras sustancias tóxicas en el organismo. También otras investigaciones revelan que el aluminio puede unirse al ADN y modificar su estructura así como alterar la actividad de los genes. Su absorción se produce tanto por vía oral como a través de la piel. Un ejemplo en cosmética es el clorhidrato de aluminio en la mayoría de antitranspirantes. Sí su acción astringente consigue reducir o inhibir el flujo del sudor también puede causar cáncer de mama al provocar la mutación de las células. Se debe que al evitar la eliminación de toxinas a través de las axilas, fuerza al cuerpo a depositarlas en las glándulas linfáticas que se encuentran bajo los brazos. Ésta sería la razón que la mayoría de los tumores cancerígenos de mamá se encuentren precisamente donde se ubican estas glándulas. Cabe destacar que efectos similares a los del aluminio los provocan los parabenos sustancias bacteriostáticas y fungicidas utilizados en multitud de productos de belleza. Estas sustancias pueden imitar el comportamiento de los estrógenos y favorecer el crecimiento de tumores asociados a los niveles de estos como es el caso del cáncer de mama.

– 1,4-dioxano Irritador cutáneo ( enrojecimiento, picazón y dolor). Puede producir caída de pelo, irritación, depresor del sistema nervioso central, nefrotóxico y hepatotóxico. -DEA (Dietanolamina) Se trata de una base detergente y espesante que figura en la etiqueta de multitud de cosméticos y productos de hogar. Respirar de a puede causar dolor de cabeza, irritación de las vías respiratorias, dolor de garganta, estornudos, tos, respiración con silbido. En la piel exposiciones bajas pueden causar irritación, enrojecimiento,sarpullido urticaria, reacciones alérgicas envejecimiento, prematuro piel intolerante.

–Mercurio Es un metal pesado de elevada toxicidad se consideran neurotóxico a pesar de esto se permiten cosmética como conservante de productos de maquillaje y desmaquillaje de ojos en concentraciones máximas de 0,007 %. En etiquetas se conoce como Tiosalicilato de Etilmercurio.

-Fragancias Se añaden a perfumes geles de ducha, jabones, desodorantes, productos de bebés, champú, crema de manos etcétera. Prácticamente no hay un producto que no las contenga. Se las considera que peligrosas porque son bioacumulativas y se sospecha que puedan producir trastornos en el sistema reproductor, sanguíneo y endocrino. En las etiquetas se conocen como -acetil hexametil que incide sobre el sistema nervioso central o -bromocinamal que es un irritante para la piel. Una de las más utilizadas es el Tonalide. A los fabricantes se les permite añadir varias sin mencionar las en la etiqueta.

-Talco Es una sustancia químicamente muy similar al amianto, elemento conocido por provocar cáncer. Usado en muchos cosméticos de maquillajes polvos para bebés y lubricación de preservativos. A principios de los años 30 se relacionó con peritontitis y accesiones fibrosas. En 1997 un estudio publicado en el American Journal Epidemiología reveló que usarlo en la zona genital regularmente aumenta el riesgo de padecer cáncer de ovarios  hasta en un 60%. Además se sabe que al tapar los poros de la piel impedir que esta realice sus funciones naturales, predispone al acné, alergias, dermatitis, irritación o sarpullido y envejecimiento prematuro.

-Colorantes

Son sustancias que se emplean para darle color a cremas, geles de baño, maquillajes, tintes etcétera. Muchos de ellos han demostrado ser altamente cancerígenos y alterar las moléculas de ADN. Sus denominaciones incluyen las sílabas -anilin- o -anilid- ( acetanilid) o por fórmulas más sencillas como HC ( HC Orange 3), Acid ( Acid red 73) o Pigment (Pigmen Green 7). Vuelven la piel hipersensible y la enrojecen.